Wellington Management es una de las mayores firmas independientes de gestión de inversiones del mundo, que asesora a más de 2.500 clientes en más de 60 países. La empresa gestiona más de 1,1 billones de dólares para clientes como pensiones, fondos de dotación y fundaciones, aseguradoras y gestores de patrimonios globales.
Wellington ofrece soluciones de inversión que abarcan renta variable global, renta fija, divisas, materias primas, alternativos y mercados privados. La plataforma Wellington Private Investing ha captado 8.000 millones de dólares en activos globales e invierte desde las primeras estapas hasta las últimas etapas de crecimiento de las empresas en múltiples sectores (consumo, tecnología, sanidad, servicios financieros, biotecnología y tecnología climática) y geografías (Asia, Europa y América).
El equipo de inversión privada aprovecha los más de 1.000 profesionales de la inversión de Wellington en todo el mundo, combinando una profunda experiencia en el mercado privado con conocimientos del mercado público, amplias redes y una sólida plataforma de análisis para beneficiar tanto a los inversores como a los empresarios.
La competencia entre las grandes potencias, en particular Estados Unidos y China, los conflictos en distintos puntos del planeta y un orden global cada vez más fragmentado definen las perspectivas geopolíticas estructurales para 2026. La creciente prioridad otorgada a la seguridad nacional está generando oportunidades de inversión que conviene tener en cuenta, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes. Como consecuencia, cabe esperar una mayor diferenciación a nivel regional, nacional, sectorial y corporativo, así como entre clases de activos, una dinámica especialmente propicia para la gestión activa.
Los recientes acontecimientos en Venezuela, que empezaron el 3 de enero, siguen evolucionando.
A principios de año, compartimos nuestras ideas sobre cómo armonizar una perspectiva a largo plazo con las dificultades que se encuentran por el camino a corto plazo; dicho de otro modo, los «qué pasaría si». Una de las posibilidades más serias que observábamos era la amenaza de aranceles del presidente Trump, que finalmente se concretó con una puesta en escena espectacular el conocido como Día de la Liberación de abril.
En 2025, la economía y los mercados globales han tenido que afrontar el aumento de las tensiones comerciales y los aranceles, continuos conflictos en Europa y Oriente Medio, y la debilidad persistente de China. A pesar de los contratiempos, el crecimiento global se ha mostrado firme y la inflación se ha mantenido relativamente moderada. El crecimiento de los beneficios empresariales ha superado las expectativas; sobre todo, en Estados Unidos, pero el fenómeno también se ha extendido a Japón y a algunos mercados emergentes.
El entorno global para el crédito sigue siendo favorable, por lo que prevemos otro año de rentabilidades positivas. A pesar de los estrechos diferenciales, vemos un considerable potencial de ganancias para los inversores que sepan buscar en los lugares adecuados. Aprovechar estas oportunidades exige una selección basada en el análisis y una disciplina de inversión rigurosa.
Los mercados de deuda viven una cierta tregua tras meses de inestabilidad en los que, por ejemplo, los US Treasuries aumentaron su rendimiento, este mismo año, hasta cuotas inesperadas, igual que los movimientos inusitados de los OATS franceses y los diferenciales de deuda europea, con la Europa periférica mostrando mayor fortaleza que países core. Lo cierto es que en estas semanas finales del año, Marco Giordano, Investment Director de Renta Fija en Wellington Management, identifica estos cuatro factores que están moviendo los mercados de deuda.
En nuestra opinión, aunque los rendimientos de la deuda pública global siguen resultando atractivos, los riesgos persisten, lo que subraya la necesidad de adoptar posiciones más dinámicas. Las dudas en torno a la sostenibilidad de la deuda se están traduciendo en una mayor volatilidad y en divergencias crecientes entre países, así como en presiones alcistas sobre los rendimientos a largo plazo, que los inversores activos podrían aprovechar. La erosión de la independencia de los bancos centrales es otro factor que debemos vigilar de cerca.
Aunque los precios actuales de los mercados reflejan un escenario Goldilocks (crecimiento con inflación contenida), en nuestra opinión es el menos probable para 2026. Aun así, los mercados podrían seguir anclados en esta hipótesis optimista hasta que los datos del mercado laboral muestren señales inequívocas de estabilización.
La calidad creditica de la deuda estadounidense ha quedado despojada este año de su última medalla. Moody's quitó a la deuda de EE.UU. la AAA, siguiendo el camino de Fitch en 2023 y de Standard & Poor's años atrás. ¿Por qué deberían los inversores preocuparse por esta tercera y última rebaja? ¿Qué hay detrás de ella? Amar Reganti, estratega de renta fija en Wellington Management y gran conocedor del segmento de crédito y deuda norteamericana, explica qué supone el deterioro de la solvencia crediticia de EE.UU. para los inversores.
A estas alturas, los mercados tratan de anticipar qué les deparará el 2026, tras un 2025 plagado de actualidad en torno a la geopolítica, la cotización histórica del oro, el debilitamiento del dólar, el protagonismo de las políticas monetarias de los bancos centrales o las dudas en los mercados bursátiles, con vaivenes en los que el sector tecnológico y en concreto la IA han motivado dichas fluctuaciones.