La competencia entre las grandes potencias, en particular Estados Unidos y China, los conflictos en distintos puntos del planeta y un orden global cada vez más fragmentado definen las perspectivas geopolíticas estructurales para 2026. La creciente prioridad otorgada a la seguridad nacional está generando oportunidades de inversión que conviene tener en cuenta, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes. Como consecuencia, cabe esperar una mayor diferenciación a nivel regional, nacional, sectorial y corporativo, así como entre clases de activos, una dinámica especialmente propicia para la gestión activa.
Los recientes acontecimientos en Venezuela, que empezaron el 3 de enero, siguen evolucionando.
La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el tema estrella en economías y mercados de todo el mundo. Y con razón, pues es probable que esta tecnología, que está experimentando una rápida evolución, provoque una profunda transformación en los siguientes ámbitos: Productividad laboral, Salarios y precios, Estructuras industriales, Educación Investigación y desarrollo, Destrucción y creación de empleo a nivel global.
Aunque pueda parecer que vivimos un goteo constante de titulares históricos, es posible que algún día los historiadores consideren la reciente reunión de varios líderes mundiales como un auténtico punto de inflexión en la geopolítica del siglo XXI. Nos referimos al desfile del Día de la Victoria en Pekín, celebrado para conmemorar el 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Hay un motivo estructural por el que el mundo parece navegar a la deriva en estos momentos. Estamos inmersos en una transición de un ciclo geopolítico global a otro caracterizado por las turbulencias y la incertidumbre. Aunque la preocupación de los inversores es comprensible, cambios estructurales en la geopolítica como este solo ocurren una vez por siglo, y traen consigo no solo riesgos, sino también oportunidades.
Actualmente, el entorno geopolítico es más complejo, impredecible y peligroso que en las últimas décadas. Este contexto estructural cada vez más caótico generará, con casi total seguridad, una variedad de riesgos y oportunidades a lo largo de 2025, especialmente a medida que la nueva Administración estadounidense implemente sus propias políticas frente a los retos geopolíticos que existen a nivel mundial.
La primera administración Trump no es una analogía perfecta para evaluar qué tipo de política exterior estadounidense debemos esperar en los próximos cuatro años, dado que -a diferencia de la primera vez- ahora tenemos la mayor guerra en Europa en décadas, el mayor conflicto en Oriente Medio en décadas, crecientes tensiones militares en el estrecho de Taiwán y en el mar de China Meridional, así como un orden global en rápida fractura que enfrenta a China/Rusia/Irán/Corea del Norte contra los bloques Estados Unidos/OTAN/Japón/Corea del Sur/Australia, junto con las implicaciones cada vez más negativas del cambio climático para la seguridad nacional.
El creciente conflicto entre Israel e Irán amenaza con convertirse en un escenario de mayor alcance con profundas implicaciones para los mercados globales. En un entorno geopolítico tan volátil, los inversores deben manejar con cautela la información disponible y estar preparados para una amplia gama de posibles desenlaces que podrían afectar sus carteras.
Las elecciones presidenciales estadounidenses de 2024 se han visto alteradas por una serie de acontecimientos políticos ocurridos en las últimas semanas. He aquí un breve repaso a cómo abordaría cualquiera de los dos gobiernos estos retos y sus posibles repercusiones en la estabilidad geopolítica, la política de seguridad nacional estadounidense y los mercados.
El debate favoreció a Kamala Harris, quien logró destacar en temas clave y manejar a Donald Trump. Su desempeño podría movilizar a votantes indecisos en estados clave, pero también aumenta la incertidumbre en los mercados, con riesgos potenciales de tensión política y un impacto negativo en las inversiones.