Los mercados financieros tienen una dinámica propia, y uno de sus rasgos más característicos es la volatilidad. Para los inversores, la volatilidad es como una montaña rusa que produce adrenalina y oportunidades, pero también puede generar ansiedad y noches en vela. La clave está en entender que, si bien las oscilaciones son inevitables, la recompensa puede ser importante si se gestiona bien el riesgo. Pero ¿hasta qué punto la volatilidad afecta nuestro descanso? Y lo más importante, ¿cómo podemos equilibrar nuestras inversiones para dormir tranquilos sin sacrificar rentabilidad?
La volatilidad es el principal precio que los inversores pagan por la rentabilidad. Si no existiera la posibilidad de caídas, casi no existiría la oportunidad de subidas. Pensemos en el mercado de valores como el clima: hay días soleados y también tormentas, pero lo que realmente importa es la tendencia a largo plazo. En España hay mayoría de días soleados. En los mercados la mayor parte de las veces las rentabilidades son positivas.
Tomemos como ejemplo el S&P 500. Históricamente, este índice ha tenido correcciones frecuentes del 10% o más, pero en el largo plazo siempre ha seguido una trayectoria ascendente. El problema surge cuando los inversores intentan anticipar cada movimiento del mercado. El famoso market timing es, en muchos casos, una fórmula para la frustración. Según diversos estudios, perderse los mejores días de subidas en el mercado puede reducir drásticamente la rentabilidad a largo plazo. Si quitamos los 5 mejores días, los 10, 15, etc., veamos cómo merma nuestra rentabilidad.
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Fuente: Carlos Arenas Laorga
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