FELIX

La digitalización es una realidad irreversible. Está presente en gran parte de nuestras acciones cotidianas, desde el mensaje que contestamos al levantarnos hasta la serie con la que nos dormimos, pasando por la videollamada del trabajo, el pago con la tarjeta en la tienda de la esquina o reservar nuestras vacaciones de verano. 

Pero, al mismo tiempo que está ya en nuestro día a día, la digitalización sigue avanzando a un ritmo apasionante, obligando a las empresas, a las administraciones y a los gobiernos a adaptarse rápidamente a innovaciones como la Inteligencia Artificial, la computación o el 5G. En todas ellas, la latencia juega un papel principal, y por tanto la proximidad del procesamiento a la generación del dato.

En este punto es importante destacar dos cuestiones de gran relevancia. La primera es que todo este avance digital se cocina en un solo sitio; en los centros de datos. La segunda es que España está en condiciones, por primera vez en más de un siglo, de subirse a este tren de avance tecnológico.

Iría más allá: España debe aprovechar la oportunidad histórica que supone el auge de los centros de datos para atraer inversión y convertirse en uno de los países que lideren esta cuarta revolución industrial a nivel global. Contamos con tres cualidades que nos hacen únicos; abundancia de energías renovables, una sólida red de fibra y un emplazamiento geográfico estratégico entre Europa, América y África. 

Según el último informe de Spain DC, la patronal española de los centros de datos, nuestro país está registrando un crecimiento sin precedentes de la industria de los centros de datos gracias a estas fortalezas. Con desarrollos espectaculares en Madrid, Cataluña, y recientemente en Aragón con la llegada de las grandes tecnológicas, pero también con operadores más pequeños que están apostando por acercar el dato a las empresas a lo largo y ancho de la geografía nacional. 

Este informe apunta a que para 2030 los centros de datos pueden atraer inversiones por más de 58.000 millones de euros, superando los 2.100 MW de energía. Estamos hablando de un sector responsable del 2,5% del PIB y de medio millón de empleos, sin contar el impacto económico y laboral indirecto que genera en todo el ecosistema digital. Si se cumplen estas previsiones de crecimiento, los centros de datos podrían situarse como una de las industrias clave en el desarrollo productivo de España. 

Pero tener potencial no es suficiente. Para consolidarnos como ese nodo clave en la industria global de los data centers, es imprescindible un marco regulador ágil, incentivos fiscales adecuados y una burocracia proactiva. Atraer inversión en este sector no solo genera empleo de calidad, sino que también mejora la competitividad de las empresas, independientemente de su naturaleza o ubicación, impulsa el ecosistema tecnológico y refuerza la soberanía del dato, es decir, que los datos se guarden y se procesen en nuestro territorio, con nuestra normativa. 

Sin embargo, si no se toman las decisiones adecuadas, corremos el riesgo de quedarnos rezagados. La primera señal de alarma la hemos recibido en un informe de Spain DC y Accenture, publicado en marzo, que analiza la demanda de servicios digitales alojados en centros de datos. El estudio advierte que España está ralentizando su crecimiento y que ha perdido posiciones con respecto al conjunto de Europa. 

Este hecho debería preocuparnos a todos: sector, administraciones, todas, y sociedad en general. La digitalización es un tren que solo pasa una vez y por primera vez en la historia viajamos en el vagón de primera. No cometamos el error de volver a ser la vaca que mira el tren desde el prado.